sábado, 1 de febrero de 2014

Profesía autocumplida

"La mejor forma de predecir el futuro es creándolo".  Peter Drucker.

Por años hemos escuchado decir que, tradicionalmente, los hombres  acostumbran hablar cosas maravillosas de sus esposas mientras permanecen casados, pero si luego llegan a una separación, estos mismos hombres después sólo hablan cosas negativas y lo vociferan cada vez que pueden hacerlo.  Personalmente pienso que esto es cierto en la mayoría de los hombres, pero no es un comportamiento exclusivo de ese género.

Por nuestra naturaleza social tratamos siempre de no afectar  la reputación de las mujeres y cuando un hombre habla en contra de una ex pareja o en contra de alguna mujer la sociedad lo tilda de poco hombre, machista, abusador, y otros epítetos negativos.  Pero la naturaleza humana es muy diferente a la naturaleza social; la primera es equitativa mientras la segunda es totalmente desbalanceada para proteger siempre a unos (grupos sociales) en desventaja de otros pero manteniendo el orden social establecido por las clases dominantes.  Todos somos iguales ante la ley, pero no ante el juez.

 Cuando el actor de telenovelas Osvaldo Ríos fué acusado en Puerto Rico de golpear a su compañera, la parte acusadora (la fiscalía en representación de la perjudicada) utililzó todos los recursos disponibles para probar más allá de toda duda razonable, que el actor era un hombre violento contra las mujeres.  En el juicio trajeron testigos y evidencias de situaciones anteriores en las que el acusado había estado involucrado con otras mujeres en otros tiempos y en otros lugares.  Se trajo "arrastrado por los pelos" los nombres de algunas ex parejas del actor así como también viejos incidentes ocurridos fuera de la jurisdicción de las leyes aplicables en el caso, como lo fueron eventos ocurridos en el país Colombia.  El propósito era aniquilar a un hombre maltratante de mujeres, ... y lo lograron.

Como el anterior, hay miles de ejemplos en los que las mujeres, al igual que los hombres, hablan negativo de sus ex compañeros (No olvidemos a Niurka Marco y otras actrices que han escrito su propia biografía).  Cada cual que cargue con su culpa. 

Diferente al caso de Osvaldo Ríos, en mi juicio de divorcio, el representante legal de la parte demandante (la diosa de la mentira) sentó en la silla de los testigos a su propia clienta (anita, la del país de las mentiras) y la ineterrogó sobre el presente y el pasado hasta veinte años atrás, tratando de encontrar algún indicio de violencia de mi parte, y no la encontró, porque nunca existió.  Así consta en todos los récords de grabación del tribunal.   Su alegación principal siempre fué que temía por su seguridad porque había aumentado mucho nuestras discusiones en los últimos cinco meses.  Sin embargo,  en los veinte años que duró nuestro matrimonio y de que yo siempre estuve en posesión de armas de fuego,  ella no pudo mencionar un sólo incidente en veinte años en el que se haya sentido amenazada.  Pero a la pregunta su propia representación legal, "¿Es él un buen padre?", su respuesta (grabada) fué, "Sí,  es un buen padre".  El circo judicial se encontraba dando su mejor función, y lo que hacía que ésta presentación circense fuera más espectacular era que el juicio se celebraba en la Sala 708 del Tribunal de San Juan y el juez que dirigía la función era mi antiguo jefe, el inepto ex administrador de la Administración de Corrección y ex ayudante del corrupto senador Freddy Valentín, era el Lcdo. Charles Jiménez Nettleship  (El mundo es un pañuelo,  y nosotros somos los mocos).

(Para un mejor entendimiento de porqué me refiero al circo judicial, invito a los lectores a ver la película Intolerable Cruelty, y a ver la también película Chicago, Musical).

Por supuesto que había aumentado en cantidad y en intensidad nuestras discusiones en los últimos cinco meses, pues era evidente que esas fueron las instrucciones que recibió directamente de la Oficina para el Desarrollo Integral de la Mujer de la Ciudad de San Juan. Estaba obligada a provocar violencia en el hogar si quería obtener su divorcio y todos los beneficios que con él llegan.  El principio básico era muy simple: Mientras peor, mejor.  El planificado entrampamiento incluyó llevar a mis hijas (15 y 9 años de edad) a mis espaldas y antes de obligarme a abandonar mi hogar, a recibir tratamiento psicológico (adoctrinamiento) y prepararlas advirtiéndoles que puede haber violencia en el hogar.  Les sembraron temores infundados.  Era una profecía autocumplida. No estaban prediciendo el futuro, lo estaban creándo, lo estaban tejiendo.

Al momento de escribir estas líneas,  mis hijas cuentan con 26 y 19 años de edad;  la mayor de ellas ya se graduó de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras mientras la menor se encuentra estudiando en ese mismo recinto.  Por ser ellas durante muchos años testigos de algunas de las situaciones que expondré en ésta tercera parte, las invito a que difieran de mis narraciones de la forma y manera que ellas estimen conveniente,  basadas en su mejor recuerdo.

Cada acción que 4N4 4D3L41D4 R0DR16U3Z P3R3Z realizaba, cada palabra que decía, la forma y manera de comenzar, controlar y terminar una discussion evidenciaba que actuaba bajo instrucciones como si recibiera un comando a control remoto.  Para mí era algo fácil de detectar debido a los veinte años compartiendo con ella bajo el mismo techo y en la misma cama.  No debió ser difícil para la Oficina de Desarrollo Integral de la Mujer instruirla sobre como actuar, pues esa mujer socialmente hábil, siempre fué una gran artista de la actuación.

El desgaste y mi resistencia debilitada me llevaron al conformismo.  Si no puedes tener lo que quieres, trata de querer lo que tienes.  Pero debo reconocer que ese conformismo en el hogar, más que un conformismo, fué una anulación de mi personalidad.  Acostumbrada a planear todo cudadosamente y calcular por adelantado sus movimientos,  ella entró a mi vida y poco a poco logró dominar todas desiciones del hogar excepto las que por su propia naturaleza,  no podía controlar.

La pareja debe permitir aumentar la superficie social porque ambos se enriquecen el uno del otro gracias a la aportación de amigos y familiares, pero esa no fué mi realidad.  Como pareja siempre vivimos en pobreza social; nunca tuvimos intercambios sociales con otras parejas que no fueran Ramón y Maritza,  nunca más volví a tener amigos, y se creó una marcada diferencia entre los compañeros de trabajo de ella y los míos.   Las pocas ocasiones que salimos a compartir en fiestas formales de los respectivos trabajos se manifestaban estas diferencias.   Cuando asistíamos a los bailes de su empresa teníamos que llegar temprano para esperar en el estacionamiento a sus compañeros,  entrar todos juntos y ocupar una misma mesa para compartir y disfrutar todos juntos.  Pero cuando asistíamos a los bailes de mi agencia, teníamos que llegar temprano para entrar antes que todos y ser los primeros en ocupar una mesa vacía.  Con el tiempo las diferencias arroparon nuestras vidas, se encontraban en todo lo que hacíamos,  en todo lo que opinábamos y en todo lo que veíamos, provocando a largo plazo que nuestro matrimonio fuera sólo una fachada para cumplir una función social (¿Acaso no fué ese su propósito al mentir con su traje blanco?).  Sólo faltaba un complemento indispensable para hacer de nuestra hogar la familia socialmente perfecta: ser dueños de nuestra propia casa (los primeros trece años vivíamos en casas alquiladas a los dueños).

Fué en 1996 que logramos ser dueños de nuestro propio hogar, un apartamento nuevo en el Mercado.  Desde ese momento nuestras diferencias se polarizaron.  La seguridad que le brindaba a ella un hogar propio le produjo un envalentonamiento que se manifestaba en cada discusión que teníamos en relación al hogar (decoración, muebles, ensures, arreglos, limpieza, etc.).  Era como si ella hubiera sentido que alcanzó el éxito de su vida y no estaba dispuesta a compartirlo.   Constantemente utilizaba en nuestras discusiones la expresión "...esta es mi casa" trayendo a mis recuerdos su inolvidable grito EL RADIO ES MIO.

Necesitó de mí para salir vestida de blanco del hogar de sus padres; necesitó de mí para la primera hija (planificada por ella también mediante engaño); necesitó de mí y mis ingresos para adquirir su propio hogar; y luego ...¿qué?  Ya no me necesitaba.  Ya había hecho su inversión, ahora quiere su dividendo.